Tribunal de Cristo

 



¿Qué es el Tribunal de Cristo? No es un THRONOS, es un BEMA


Muchos cristianos viven con temor al pensar en el día del juicio, porque confunden dos tribunales que en el griego del Nuevo Testamento son completamente diferentes. Uno es para recompensar a la Iglesia, el otro es para el juicio final de la humanidad.


1. EL BEMA: El estrado de la recompensa


Cuando Pablo habla del tribunal de la Iglesia, usa siempre la palabra griega BEMA (βῆμα), que significa escalón, plataforma elevada, estrado.


"Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal [BEMA] de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho..." 2 Corintios 5:10


"Porque todos compareceremos ante el tribunal [BEMA] de Cristo." Romanos 14:10


¿Qué era un BEMA en el mundo de Pablo? Pablo pastoreó 18 meses en Corinto, la ciudad donde cada dos años se celebraban los Juegos Ístmicos, los segundos más importantes de Grecia después de los Olímpicos, en honor a Poseidón.


Allí, el BEMA no era una corte criminal. Era la plataforma elevada desde donde los jueces - los Hellanodikai (jueces de los griegos) y los Brabeutes - vestidos de púrpura, con corona y vara en mano, presidían desde el plethrion, observaban la carrera y entregaban la palma y la corona de olivo al vencedor.


En Atenas, el BEMA era también el podio del Pnyx desde donde los oradores hablaban al pueblo.


Era un lugar público, visible, no de condenación, sino de evaluación y premiación. Por eso Pablo les dice a los corintios:


"¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis." 1 Corintios 9:24


El Tribunal de Cristo es eso: la meta de la carrera cristiana. No se decide si eres salvo. Eso ya se decidió en la cruz. Se decide qué premio recibes.


"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta..." 1 Corintios 3:11-13


2. EL THRONOS: El trono del juicio final


La otra palabra griega es THRONOS (θρόνος). Trono de autoridad soberana, de Rey que dicta sentencia final y definitiva.


Esta palabra se reserva para el Juicio del Gran Trono Blanco.


"Y vi un gran trono [THRONOS] blanco y al que estaba sentado en él... Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras." Apocalipsis 20:11-12


Aquí está la corrección crucial: Este juicio no es solo un acto de condenación automática para incrédulos. El texto nos muestra que se abren dos tipos de registros: los libros que contienen las obras, y el Libro de la Vida.


"Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego." Apocalipsis 20:15


La expresión "el que no se halló" implica que se está haciendo una búsqueda. Esto sugiere que en este THRONOS también habrá salvos que serán hallados inscritos: los salvos de la Tribulación, los salvos del Milenio y los santos del Antiguo Testamento que no formaron parte de la Iglesia arrebatada y ya recompensada en el BEMA. Aunque la gran mayoría de los que estén frente a este trono serán condenados, el texto deja claro que el criterio final sigue siendo estar o no en el Libro de la Vida.


Diferencia clave:

 •  BEMA (βῆμα): Solo para la Iglesia. Solo para recompensar. No hay condenación. Romanos 8:1

 •  THRONOS (θρόνος): Para toda la humanidad muerta restante. Para juicio definitivo según las obras y, sobre todo, según el Libro de la Vida.


3. "Lo bueno y lo malo": El verdadero significado de PHAULOS


El texto del BEMA dice "sea bueno o sea malo", pero la palabra "malo" no es KAKOS (κακός) que es maldad moral y perversión.


La palabra que Pablo usa es PHAULOS (φαῦλος), que significa: sin valor, vano, inútil, de mala calidad, sin peso eterno.


Dios en el BEMA no juzgará si hiciste algo pecaminoso. Juzgará si tu obra tuvo valor eterno. ¿Y cómo lo sabe? Porque Él escudriña el corazón.


"Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios." 1 Corintios 4:5


"Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino." Jeremías 17:10


Habrá obras que a ojos humanos son de mucho valor, pero que ante el fuego del BEMA serán declaradas PHAULOS, sin valor, porque su intención era otra: gloria propia.


4. El asunto de la DOXA: ¿A quién diste a conocer?


Y aquí entra la última palabra. Gloria en el Nuevo Testamento es DOXA (δόξα).


Según su raíz, DOXA no es solo un brillo. Significa literalmente: conocer, dar a conocer, reconocer. Y en ocasiones se asocia con luz.


Es hacer que alguien sea conocido, que resplandezca.


La pregunta del BEMA no será ¿cuánto hiciste?, sino ¿a quién dio a conocer lo que hiciste?


¿Dio a conocer a Cristo? ¿O te dio a conocer a ti mismo?


"Para que vuestra fe sea hallada en alabanza, gloria [DOXA] y honra cuando sea manifestado Jesucristo." 1 Pedro 1:7


Si tu obra fue para que tu nombre brillara, es madera, heno y hojarasca. Se quemará, aunque tú te salvarás.


"Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego." 1 Corintios 3:15


Pero si fue hecha en lo secreto, para que Cristo sea conocido, es oro, plata y piedra preciosa. Esa resistirá el fuego y recibirá corona.


"He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día." 2 Timoteo 4:7-8


En conclusión: El BEMA no es para saber si entras al cielo. Es para saber con qué vestiduras entrarás a reinar. No pesará la cantidad de tu obra, sino la intención de tu corazón. Y el THRONOS nos recuerda que al final, todo se reduce a una sola cosa: estar inscrito en el Libro de la Vida.

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