¿Porque 400 años de silencio?

 Cómo entender el porqué del silencio de 400 años

Entendamos primero esto:

Profeta: mi definición de forma sencilla

Es una persona a la cual Dios le da conocimiento de algún hecho presente, pasado o futuro, y este conocimiento lo podemos definir como inspiración.

La inspiración en el profeta conlleva:

Que Dios permite que el profeta escriba o dicte un mensaje, el cual en ocasiones el profeta toma de fuentes ya escritas, usando parte de ese conocimiento y plasmándolo en su escrito. Eso es inspiración.

Dios guía al profeta a escribir.

Desde el origen del pueblo de Israel ha habido profetas.

Abraham es considerado un profeta (Génesis 20:7).

Moisés es considerado un profeta (Deuteronomio 18:15; Deuteronomio 34:10).

Los patriarcas son considerados profetas.

Samuel es un profeta (1 Samuel 3:20).

Elías, Eliseo (2 Reyes 2:1-15).

Quiero que entiendan que Dios siempre mantuvo un hombre al cual le otorgaba conocimiento o lo guiaba a escribir, decir o declarar algo para que se cumpla el propósito de Dios.

Durante la formación de esta familia de Abraham hasta convertirse en el reino de Israel, siempre hubo profetas.

Pero cuando comenzó el deterioro religioso del reino de Israel, Dios mantuvo la profecía (Dios usaba al profeta), a pesar de que en ocasiones el mismo pueblo rechazaba a los profetas y en ocasiones los mataban (Mateo 23:37; Jeremías 7:25-26).

Durante el reino hubo profetas.

Durante el reino dividido hubo profetas.

En el exilio hubo profetas (Ezequiel, Daniel).

En el retorno del exilio hubo profetas (Hageo, Zacarías, Malaquías).

Pero llegó un periodo durante el cual no hubo profetas, porque Dios lo determinó así:

Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras. (Isaías 30:9-10)

He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. (Amós 8:11-12)

He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. (Malaquías 4:5)

El último profeta del Antiguo Testamento fue Malaquías, quien profetizó durante el imperio medo-persa, alrededor del año 430 a.C., después del retorno del exilio.

Según la estatua de Daniel, habría cuatro imperios (Daniel 2:36-45). Para el momento de Malaquías ya había pasado el imperio babilónico y el que estaba en ese momento era el medo-persa.

Ahí se produjo el silencio de Dios.

Y este silencio abarcó el tercer imperio (griego) y el último imperio (romano).

Este silencio termina en el imperio romano con la aparición de Juan el Bautista, del cual fue dicho: Y él irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías (Lucas 1:17), en cumplimiento de lo anunciado por Malaquías, en el año decimoquinto del imperio de Tiberio César (Lucas 3:1; Marcos 1:1-4).





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