La resurrección del malhechor en que momento?


La resurrección del malhechor: ¿en qué momento?
¿Qué pasa exactamente después de que cerramos los ojos en esta vida? Existe una idea popular de que, al morir, el alma del creyente viaja de forma instantánea a la eternidad misma de Dios. Sin embargo, cuando examinamos las Escrituras con atención, descubrimos un panorama muy distinto y meticulosamente ordenado por el Creador.
Para comprender los momentos exactos de la resurrección, tomaremos como punto de partida el instante de la muerte del malhechor en la cruz y aclararemos algunos puntos clave.
El lugar de espera de las almas
En primer lugar, la Biblia nos enseña que el lugar a donde van los fallecidos funciona hoy de la misma manera en que Jesús lo describió en la historia del rico y Lázaro (Lc 16:19-31). Se trata de un solo espacio espiritual —llamado Hades en el Nuevo Testamento o Seol en el Antiguo Testamento— que está dividido por una gran separación en dos secciones fijas: el lugar de los justos (conocido como el Seno de Abraham o el Paraíso) y el lugar de los injustos (un sitio de sufrimiento). Esta geografía espiritual se mantendrá así hasta el día del Juicio Final (Ap 20:11-13).
Por lo tanto, cuando un creyente muere hoy en día, es teológicamente incorrecto decir que su alma «ya está en la eternidad de Dios». ¿Por qué?
Porque el entorno de la esencia de Dios es la eternidad absoluta. Y la eternidad, por definición, es el «no-tiempo», el «no-espacio» y la «no-materia»; allí no existe nada creado. Las almas humanas, al ser criaturas con un principio, autoconciencia y memoria (personas), no pueden asimilarse ni introducirse en la dimensión increada de Dios. Las almas siempre requerirán un entorno creado. Por eso, permanecen en una «sala de espera» temporal —el lugar de los muertos— mientras aguardan el turno de su respectiva resurrección corporal.
El turno del malhechor y el misterio del Milenio
Surge aquí una pregunta clave para nuestro estudio: ¿Fue el malhechor de la cruz parte de la Iglesia?
La respuesta es un rotundo no. El malhechor murió bajo el pacto de la Ley, antes de que la Iglesia naciera formalmente en el día de Pentecostés; por lo tanto, pertenece al grupo de los creyentes del Antiguo Testamento. Entonces, ¿cuándo ocurre el momento exacto de su resurrección corporal?
Para entenderlo, debemos acudir a lo que el apóstol Pablo enseña sobre las etapas del plan divino. Él declara explícitamente que no todos resucitarán al mismo tiempo, sino «cada uno en su debido orden» (1 Co 15:23). El calendario de Dios se divide en turnos muy claros:
  • Cristo, las primicias: Él inauguró la resurrección y es la garantía de todo el proceso (1 Co 15:23).
  • Los que son de Cristo: Los miembros de la Iglesia (todos los creyentes desde Pentecostés hasta nuestros días), quienes resucitarán y recibirán sus cuerpos transformados en el evento del arrebatamiento o rapto (1 Ts 4:16).
  • Los justos del Antiguo Testamento: Aquí es donde se ubica cronológicamente al malhechor de la cruz. Ellos resucitarán al final del periodo de la Gran Tribulación para entrar y participar en el Reino Milenial de Cristo (Dn 12:1-2; Is 26:19).
Entre el rapto de la Iglesia y la resurrección de los santos del Antiguo Testamento ocurre una pausa de siete años (el tiempo de la Tribulación sobre la Tierra). Posteriormente, la Biblia nos muestra otros momentos específicos de resurrección: los mártires que mueran durante esa Tribulación (Ap 20:4) y aquellos creyentes que fallezcan durante el Milenio.
La convivencia en el Reino: cuerpos transformados y personas naturales
Para poner esto en perspectiva, es necesario aclarar un punto que suele confundir a muchas personas: durante los mil años de reinado de Cristo en la Tierra, coexistirán dos tipos de seres humanos:
  • Personas con cuerpos transformados (inmortales): Los creyentes de la Iglesia y los santos del Antiguo Testamento que ya habrán resucitado. Ellos tendrán un cuerpo glorioso, inmortal, que ya no sufre las limitaciones físicas ordinarias ni puede morir jamás (Lc 20:35-36).
  • Personas en su estado natural (mortales): Los supervivientes que salieron con vida de la Gran Tribulación en cuerpos de carne y hueso. Ellos entrarán al Milenio como personas mortales, repoblarán la Tierra y vivirán muchos años, pero seguirán estando expuestos a la muerte física (Is 65:20).
Los momentos de la resurrección de los justos concluyen precisamente para otorgar un cuerpo inmortal a estos últimos creyentes al final de ese Reino de mil años. Solo entonces, con la muerte totalmente vencida, el tiempo de la historia humana dará paso al estado eterno final: el escenario creado de los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva, donde Dios lo será todo en todos.

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